La Salud Mental Global propone llevar a todas las personas el bienestar psicológico que merecen. También que, cualquier persona con problemas en su salud mental reciba un servicio, bien sea en Francia o en Namibia. Esta aproximación es relativamente nueva, y supone una apuesta firme sobre la accesibilidad de los tratamientos psicológicos a aquellos países en desarrollo, los cuales tienen precisamente menos impacto y servicio dado sus bajos recursos socioeconómicos.

NO HAY SALUD SIN SALUD MENTAL

Al ser un acercamiento reciente, tanto su vertiente investigadora como de intervención psicosocial está aún en sus inicios, teniendo en cuenta el espectro de acción humanitaria. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud ya hace hincapié fuerte con un eslogan que se suelen recordar en el ámbito humanitario: “there is no health without mental health” (no hay salud sin salud mental) el cual está ganando peso dentro de la cooperación internacional.

En cuanto a los problemas en salud mental, existe un componente cultural que delimita e influye considerablemente en torno a qué es enfermedad mental y qué deja de serlo. Sin embargo, existen patrones comunes, los cuales nos hacen humanos, seas de Alemania o Kenia.
Tal y como cita Vikram Pattel en su charla TED, existe el llamado Black Dog (perro negro), que es una metáfora sobre los síntomas de depresión, una de las enfermedades más comunes a nivel global. Mucha gente puede pensar que no existe en África simplemente porque sus preocupaciones podrían ser distintas. Lo que indican los estudios epidemiológicos mostrados en el vídeo es que, de 20 personas en el mundo, una tendría depresión. Esto nos conduce a que en el planeta existirían 300 millones de personas con depresión.

 

La accesibilidad: Salud mental para todas y todos

Tal y como se indicó, la accesibilidad a la salud mental está fuertemente determinada por el nivel socioeconómico del país donde residas, unido al propio nivel adquisitivo del que dispongas. Esto haría que el diagnóstico y tratamiento de nuestra depresión sea bien distinto si eres de Inglaterra o de Liberia. Fácil de entender. Tanto es así que el 90% de las personas con enfermedades mentales que viven en países en desarrollo no recibirán ningún tipo de tratamiento. De 10 personas, solo una 1 recibiría tratamiento para su enfermedad mental en Myanmar, por ejemplo.

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Por si fuera poco, el problema no solo estriba en la falta de accesibilidad, sino también la trampa de la pobreza, y su círculo vicioso hacia la enfermedad mental. Dicho círculo es evidente: las variables contextuales de pobreza (baja economía, baja educación, falta de hogar, etc…) repercuten negativamente en la salud mental. El malestar emocional o la enfermedad mental hacen que el individuo y/o la comunidad en general tengan menos aptitudes y herramientas para mejorar su situación, lo que genera una exclusión social, repercutiendo negativamente en su bienestar psicológico…. y así sucesivamente.

LA ACCESIBILIDAD A LA SALUD MENTAL ESTÁ FUERTEMENTE DETERMINADA POR EL NIVEL SOCIOECONÓMICO DEL PAÍS DONDE RESIDAS

¿Qué podemos hacer? Intervención psicosocial en contextos en desarrollo

Pese a que la acción humanitaria dio un gran salto en la década de los noventa, el componente psicosocial comenzó a profesionalizarse desde hace relativamente poco. El tsunami de Sri Lanka 2004 marcó un antes y después, en el cual se vio la ineficacia de algunas intervenciones psicosociales e incluso intervenciones contraproducentes1.

Nuestro trabajo, de forma muy resumida, consiste en capacitar y empoderar a los trabajadores locales del país para que ellos mismos puedan llevar tales intervenciones psicosociales de forma autosuficiente, siempre adaptando nuestros conocimientos a un contexto y cultura particular.

Uno de los problemas que solemos toparnos es la falta de profesionales en Salud Mental en países en desarrollo. No hay psiquiatras, psicólogos ni enfermeros en salud mental o si los hay, existen en un número muy reducido.

Una manera sencilla de solucionar este problema es simplemente capacitando a aquellas personas que estén interesadas en el componente psicosocial, aunque no tengan ningún tipo de experiencia. Aquellas personas que muestren interés y tengan habilidades sociales, capacidad de escucha y empatía bien pueden hacerlo mucho mejor que cualquier persona titulada pero desmotivada. De tal manera, que nuestro trabajo suele ser con personal no cualificado, pero que presentan las herramientas necesarias para desempeñar el trabajo. Tenemos pues, la hazaña de adaptar conceptos muy técnicos en psicología en un lenguaje simple y adaptado a su cultura.

 

¿Por qué no interesa la salud mental global?

Posiblemente porque nos da miedo hablar de enfermedad mental. Es algo que nos desagrada, nos quiere sonar distante, muy lejano a nuestros problemas. En última instancia, nos queremos separar o alejar de algo que nunca quisiéramos tener.

También, la Salud Mental global continúa sin interesar por el fuerte componente discriminatorio que tiene las enfermedades mentales. Si existe discriminación en países desarrollados, el estigma y rechazo en países como Zambia o Sierra Leona son increíblemente mayores. Nadie quiere posicionarse en una realidad en la que cualquier podría caer. Todos somos vulnerables en tener síntomas de depresión y eso no nos gusta saberlo.

Asimismo, en ocasiones las enfermedades mentales no son consideradas como una condición clínica, se asocian los problemas mentales con la propia miseria de la vida, o peor aún, que la propia pobreza justifica el hecho de tener depresión, de tal forma que se legitima inconscientemente. Esto hace que en los países olvidados, se tengan a los enfermos mentales olvidados.

LA ACCESIBILIDAD A TRATAMIENTOS PSICOLÓGICOS ESTÁ FUERTEMENTE DETERMINADA POR LA PROPIA CONDICIÓN HUMANA

Por otro lado, se podría deshumanizar a la persona, es decir, clasificar en un rango menos humano por tener enfermedad mental. De hecho, frases como “ellos también son humanos” o “ellos también merecen tratamiento” son discriminaciones encubiertas, puesto que se sobreentiende y se da por sentado tales afirmaciones.
En aquellos países que existe menos discriminación hacia personas con problemas en Salud Mental tienen mayor accesibilidad a tratamientos psicológicos. Por consiguiente, la accesibilidad a tratamientos psicológicos está fuertemente determinada por la percepción en Enfermedad vs. Salud Mental..

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¿Soluciones?

Vikram propone tomar como modelado el ejemplo del VIH. Hace unas décadas era una enfermedad devastadora, sin embargo, ha mejorado ostensiblemente no solo el tratamiento médico sino también la percepción y aceptación social. El paralelismo es claro, bien la Salud Mental debería tener esa capacidad de movilización, denuncia y moviendo social tanto de los portadores como familias afectadas por la condición, para así dar el salto que la Salud Mental Global merece.

Cuando estemos realmente exentos de estigma, discriminación o se deje de etiquetar a las personas con enfermedades mentales como locos o agresivos, estaremos en disposición de dejar de avergonzarnos. No nos veremos tan lejanos hacia el resto de nuestros iguales. Un trabajo tanto de los medios informativos como de los propios profesionales de la psicología que humanice las enfermedades mentales y que el resto esté dispuesto a humanizarse.

Quizá en ese momento podríamos dar servicio a  aquellas personas con problemas en su salud mental, en esos países que nadie se acuerda, o peor aún, que ni se sabe que existen.
Para, por lo menos, dejar de tener olvidados a los olvidados.


Entrada escrita originalmente en Psyciencia el 2/2/16.
Fotografía portada en el Barrio Nigeria, Guayaquil, Ecuador, marzo 2017. Las dos siguietnes fotos en la intervención psicosocial en el brote de ébola en Koinadugu, Sierra Leona. Todas las fotos son de A.V.