Ayuda canaria en Ecuador (Diario La Provincia)

El Diario La Provincia se hace eco de nuestro trabajo psicosocial a raíz del Terremoto en Ecuador, visibilizando nuestra intervención y sazonado con las batallitas de mi trabajo en general.

Puedes leer el artículo realizado por Alberto Castellano el 11 de Julio de 2016:

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Especial agradecimiento a Alberto Castellano por visibilizar nuestro trabajo. Nos vemos por Gran Canaria 😉

Cerrando heridas del terremoto

► Artículo publicado por Gonzalo Araluce en El Español aquí

(…)”Los ecuatorianos nos hablan de casas destruidas, personas atrapadas entre los escombros pidiendo ayuda, gente llena de polvo corriendo por la calle, personas que iban en los coches y que salían en descontrol por direcciones prohibidas, escombros que caían del cielo…”. El relato que hace Airam Vadillo apunta a “una película de sobremesa” que “se convierte en realidad”.

“Al final se dan cuenta de que lo están viviendo, de que es un terremoto, de que es real”, asegura Vadillo. La misión que le ha llevado a Ecuador -empotrado en un equipo de Médicos del Mundo compuesto por otros tres psicólogos y un logista- es el de realizar el “trabajo de emergencias de segunda fase”. No existe un por qué a lo sucedido, un terremoto de magnitud 7,8 en la escala de Richter, pero sí que se pueden ofrecer las claves para asimilar el desastre, del que este lunes se ha cumplido un mes.

 

“INTERVINIENDO CON INTERVINIENTES”

Son las 18.58, la misma hora en la que se registró el terremoto. Un mes más tarde, muchas víctimas aguardan en su casa a que pase aquel minuto fatídico, en el que lo perdieron todo, atenazados por el miedo de que su pesadilla vuelva a convertirse en realidad. El terror tiene vida propia y reina en algunos de los lugares que más sufrieron las consecuencias del sismo.

Nosotros intervenimos con intervinientes, ayudamos a los que ayudan

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Fotografía: Un hombre junto a sus hijos en un colegio de Manta, Ecuador. Guillermo Granja Reuters, recuperada el mismo artículo

(El País) El terremoto que nos une

► Entrada publicada originalmente en el Diario El País aquí

“Lo que hicieron durante el terremoto fue lo correcto, estuvo bien”. Nuestra compañera psicóloga trata de levantar la losa de  culpabilidad con la que cargan los supervivientes del horror, cual píldoras de alivio emocional. Quitarse de encima las minas de resquemor, acallar la vocecilla que nos dice: “pudiste hacer más, pudiste ayudar más”.

La rutina se fue de paseo para dar paso al caos un 16 de abril a las 18:58. Saben dónde estaban, qué hacían, y qué les mordía el corazón en este momento. Lo llevan grabado con polvo y escombros en su mente.

El terremoto de Ecuador, con 7.8 grados, quebró la costa de Manabí y Esmeraldas como si fuera papiro. Miles de personas sintieron esa película catastrofista de sobremesa en sus entrañas existenciales. Ya no era en la televisión, sino que lo estaban viviendo, era un terremoto y estaban en él. Cuentan que el suelo se movía y hacía ondulaciones de manera indescriptible, como si un bicho te recorriera por dentro de la piel, palpas y sientes el movimiento. Al menos 670 personas fueron despojadas de la vida, por puro capricho de la naturaleza.

¿Qué podemos hacer ante este escenario? Tras la activación de un dispositivo de emergencia internacional, comienza un amplio despliegue de ayuda humanitaria a las zonas afectadas, tratando de reconstruir lo que dejó de estar en su lugar. Mientras el propio Estado ecuatoriano y organizaciones especialistas se centraron en el rescate, el desescombro y la atención sanitaria de urgencias, a Médicos del Mundo nos pidieron ayudar a las personas a asimilar lo ocurrido. Así, en coordinación con el Ministerio de Salud ecuatoriano, realizamos un estudio de necesidades y actividades de apoyo psicosocial.

Nuestra intervención de ventilación emocional se establece dentro de un espacio seguro y privado, en el que el grupo se encarga de expresar y arropar esas emociones que queman bien dentro, pero que son bálsamo si se comparten. En esas sesiones afloran los sentimientos que se encierran en los recovecos del dolor. Al escuchar la narrativa de los sucesos durante y tras el terremoto, las personas comienzan a encajar sus piezas del puzle para volver al cuadro de la normalidad. Sus gestos al narrar los sucesos, la exactitud y nitidez de recuerdos hacen que los que dinamizamos las sesiones visualicemos la escena como si estuviéramos en las entrañas del seísmo.

“Durante el suceso, no estaba con mis hijos. Los minutos de incertidumbre fueron horrorosos, hasta que supe que estaban a salvo. Otros no tuvieron la misma suerte”. Las catástrofes naturales nos dejan sin sensación de control, con impotencia; son inexplicables e impredecibles. Estamos a la deriva y nos hacen sentir vulnerables.

“Estoy cansada de llorar, no sabemos hasta cuándo va durar este dolor, los recuerdos, no sé hasta cuando me voy a sentir así”. Siempre recalcamos que son reacciones normales ante sucesos anormales. ¿Cómo pedir a alguien que se sienta bien, como si nada pasara?

Al hablar de los sucesos, es importante que sean en los lugares adecuados. No se debe rememorar la catástrofe sin un propósito o sentido y, sobre todo, sin un buen cierre. Muchos no quieren hablar de lo que ocurrió y es comprensible. Se quejan del bombardeo de preguntas de personas que, en su buen hacer, hurgan en una herida que necesita cicatrizar. Nuestras sesiones son costura emocional en un espacio seguro e íntimo, suturas para el cierre y significado de lo sucedido.

Durante las intervenciones comprendemos que cada persona es única, que estamos talladas de una particularidad que nos hace distinguibles al pensar, sentir y hacer. Por eso la vivencia del terremoto también es única. Sin embargo, tendemos a subestimar todo lo que nos une. El terremoto les ha dolido por igual como comunidad. Al margen de todas las experiencias, del cómo se sienta y se viva, las emociones, en última instancia, se siente y viven de la misma manera. La alegría es la misma tuya o mía, y si la compartimos se multiplica. El dolor, miedo o tristeza nos dejan el mismo hueco emocional. Todos sufrimos en el mismo idioma.

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“No me hablaba con mi hermano desde hace años. Cuando se enteró del terremoto vino a los pocos días. Nos dimos un abrazo”. Los resentimientos y disputas quedaron relegadas a favor de lo pertinente: la familia. El apoyo social es el factor fundamental, la estrategia de afrontamiento más eficaz que tenemos las personas, un recurso siempre escondido bajo la manga para levantarnos y resurgir de las adversidades. Es nuestro modo de salir del hoyo, más fortalecidos que nunca.

“Ya no queda un plato en el que sobre comida; tener qué comer es una bendición, te fijas en la sonrisa de tus hijos. Es increíble que estemos ahí sentados comiendo, como si nada hubiera pasado. Comienzas a valorar las pequeñas cosas”. El terremoto ha avivado sentimientos del pueblo que ni ellos sabían que existían. De esta manera, van conciliando la normalidad y haciendo las paces con la alegría.

La capital de la provincia de Manabí se llama Portoviejo. Leyendo el porvenir, bromean que tras la reconstrucción, pasará a llamarse Puertonuevo. Parece que no les queda otra alternativa. La rutina sigue en paradero desconocido, pero volver a la vida normal es una opción que casi todos contemplan. Normalizar la vida, y si es en unidad, mucho mejor.

 

► Puedes ver la fotogalería publicada en El País titulada “Heridas emocionales aquí


Airam Vadillo es psicólogo y trabaja en el equipo de respuesta de emergencia ante el terremoto en Ecuador de Médicos del Mundo en coordinación con el Ministerio de Salud ecuatoriano.

Prestamos atención psicológica a personas afectadas por el terremoto de Ecuador

SUPERVIVIENTES Y EQUIPOS DE RESCATE SON QUIENES MÁS DEMANDAN APOYO EMOCIONAL PARA SUPERAR EL DESASTRE NATURAL

(esta entrada la puedes encontrar en Médicos del Mundo España aquí)

Madrid, 13 de mayo de 2016.- Tras el terremoto que sufrió Ecuador el pasado 16 de abril, el Gobierno del país pidió el apoyo de Médicos del Mundo como ONG de emergencias especializada en salud mental, un enfoque clave en casos de catástrofes naturales. Así, hace unos días llegaba al municipio de Portoviejo, en la provincia de Manabí -una de las más afectadas por el seísmo-, un equipo psicosocial de nuestra organización.

El temblor, de 7’8 en la escala Richter provocó la muerte de casi 700 personas y dejó heridas a 4.600. En total, 350.000 se vieron afectadas. Al terremoto inicial le han seguido 788 réplicas, seis de ellas por encima de los 6 grados. Ahora, muchos supervivientes se preguntan si pudieron hacer más para ayudar a sus familiares atrapados en los escombros. Se han quedado sin nada material, pero con toda la culpa y la impotencia. Nuestro trabajo es aliviarles emocionalmente y proporcionarles herramientas para afrontar el incierto futuro que les espera.

Imagen de la destrucción del aeropuerto de Portoviejo. Airam Vadillo.

Pero no sólo quienes han sufrido directamente las consecuencias de la catástrofe necesitan atención psicológica. También la necesita el personal que intervino en la respuesta a la emergencia, trabajando sin descanso y con una tremenda presión para conseguir rescatar supervivientes. “Las primeras ayudas tras un incidente crítico se dan siempre desde la propia comunidad. Una de nuestras tareas en la intervención psicosocial tiene como finalidad dar un respiro emocional a aquellas personas que estuvieron desde el primer minuto apoyando a la población, ya que muchos de estos equipos siguen prestando atención a la población afectada y es importante que quien cuida, se cuide también”, señala Betty Roca, coordinadora de nuestro equipo en Ecuador.

Muchas de estas personas son a su vez damnificadas directas del desastre y presentan síntomas de estrés agudo. A ellas, nuestra organización les ofrece lo que se conoce como sesiones de “descarga emocional”. La liberación emocional es un proceso mental complejo que pasa por la aceptación de nuestras creencias erróneas (como la culpabilización por no haber podido salvar vidas tras el terremoto) y su posterior superación.

La destrucción de 7.000 hogares ha supuesto que más de 20.000 personas continúen alojadas en albergues temporales, en los que no siempre es fácil identificar las necesidades de salud mental.  En este contexto, hemos identificado como prioritaria la atención a los grupos más vulnerables, como mujeres, niños y niñas y personas mayores y con diversidad funcional.

El trabajo realizado hasta ahora

Hasta el momento, nuestro equipo, compuesto por dos psicólogos, dos psicólogas y un logista ha realizado ya siete sesiones de descarga emocional para 149 profesionales de salud del municipio de Portoviejo. Además, ha ofrecido formación en salud mental y  apoyo psicosocial en situaciones emergencias a 241 personas pertenecientes a las Fuerzas Armadas, el Ministerio de Inclusión Económica y Social, universidades, comités de riesgos y otras estructuras especializadas, a través de tres talleres impartidos en Portoviejo y Manta. Y 12 docentes de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manta han sido formados en primeros auxilios psicológicos con el fin de conformar equipos locales que puedan brindar este tipo de atención a la población afectada para prevenir la aparición de posteriores problemas de salud mental.

Nuestro compañero charla con un psicólogo del Ministerio de Salud ecuatoriano. Airam Vadillo.