Nuestro absurdo destino

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Desigualdad, Microrrelato, Presencia

Una de las frases más explotadas es la famosa “todo ocurre por algo”. Todo tiene un porqué, o peor aún, un para qué. De esta manera, debe de existir ese algo que se nos escapa y da sentido a lo que dejamos de verlo como tal. De hecho, el grillar de los grillos no ocurre porque sí, pues tiene una función; tanto que el PP salga reelegido en Valencia se supone que será por algo, tendrá un propósito (quizá absurdo), aunque ambos se escapen a nuestro entendimiento.

Precisamente por su poder calmante y anestésico, la idea de que todo ocurre por alguna razón está tan sumamente extendida como los supermercados Mercadona. Tan expandida como su antónimo nihilista: “la vida es un absurdo sinsentido”. Este parece sacado de un discurso victimista, ese “nada tiene sentido” se asemeja a un resentimiento de fondo, como un reproche vital no resuelto. El “todo ocurre por alguna razón” es una manera ingenua de sopesar las tragedias y saborear los buenos acontecimientos, todo sazonado con la autoayuda, la religión y claves del éxito (faltaría más).

Curioso es que incluso a los que les toca vivir en un país desarrollado piensan que están ahí por haberlo merecido, esto es, que no ocurrió por el azar. El desasosiego llega cuando los que viven la bajo pobreza en Kenia, por ejemplo, piensan que se lo merecen. Bien porque se lo hacen creer, o bien porque se lo han hecho creer ellos mismos. No sé cuál es causa-efecto o cuál va primero. La indefensión aprendida en países en desarrollo está de moda. Parece que no hay dados que se lancen para, al menos, apostar por la suerte. No hay libre albedrío ni azar.

Yo creo que todo pasa por algo…. para que “algo” también sea cambiado, claro está. También pienso que todo es puro azar. Para mí no son excluyentes, van de la mano. Soy tan nihilista como crédulo del destino, sea este oscuro o multicolor.

A falta de una mejor coartada, el destino en forma de presente me absorbe a cada instante y no me deja escapatoria. La vida me es disparada a bocajarro. Afortunadamente.

En fin. De este destino tan azaroso y absurdo.


Fotografía Dave Gough en Flickr (licencia CC)

Escrito por

Psicólogo en Acción Humanitaria. Soy alérgico a las mentiras, especialmente a las mías. • airam@uma.es

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